miércoles, 17 de agosto de 2016

VIVIR  PARA CONTARLO



La siguiente vivencia ocurrió en una zona que ha sido discriminada varias veces por su alto índice de violencia, que, aunque este ya sea un tema que pasó, la ciudad no olvida. Aquel sector de la comuna 1 de la ciudad de Medellín también es visto como un lugar de bajos recursos, con un estrato no mayor a 2, y la verdad no es que no sea cierto, pero he allí lo curioso y es que a pesar de ser personas con bajos recursos allí cada fin de semana esto pareciera ser una zona rosa de la ciudad, debido a su gran nivel de rumba a pesar de ser personas con estrato bajo. Esto es lo extraño, que semana tras semana las personas se reúnen en discotecas, bares, tabernas, billares, entre otros lugares; este último es el que habito con mayor frecuencia y donde se ve repetidamente diferentes juegos de azar y en los cuales se apuesta una buena cantidad de dinero y más si miramos el contexto al cual me refiero. Aquella vez y como siempre bajé unas cuantas cuadras de mi casa y subí las escaleras para ingresar al billar, como siempre; había música, alcohol y juegos de azar. Saludo aquellos conocidos que se encontraban en el lugar y me siento en la misma mesa con ellos. No puedo olvidar contar que en aquella mesa tenían ya varias botellas de Ron por lo que no estaban en un estado normal. La noche trascurría normal (me refiero a la mesa que compartía con mis amigos) hasta que unas horas después y con más tragos encima deciden comenzar apostar dinero, en este caso aprovechando que no estaban utilizando una mesa de billar para tirar los dados sobre el tapete verde de la mesa. El juego fácil; quien tire un número mayor, gana la apuesta de todos los jugadores. La verdad no sé cuánto era exactamente; lo que sí puedo asegurar es que a cualquiera de nosotros ese dinero no nos caería nada mal. Pasó el tiempo y yo como espectador debía servir el trago de los que estaban jugando, esto último me aburrió y decidí quitar los dados para poder sentarnos, seguir bebiendo y hablando tranquilamente. Al quitar los dados de la mesa pensé que todo había terminado (me refiero a las apuestas) pero dos amigos tenían ganas de continuar y buscaron las cartas para apostar con estas, para sorpresa mía era el tipo de apuesta que iban hacer. Esta vez sí recuerdo que empezaron apostando $200.000 pesos cada uno, apuesta que iba subiendo en cada barajada a tal punto de llegar apostar sus medios de transportes, uno apostó la moto (una RX 115 azul), este puso los papeles sobre la mesa y el otro sujeto no se quedó quieto y apostó su carro (Renault 9) no lo podía creer porque el dueño del Renault 9 lo utilizaba diariamente para trabajar en el, transportada bolis (cierta mezcla de agua con sabor y colores artificiales que van en bolsas transparentes y sin marca alguna) en las tiendas y colegios del sector, por este motivo fue que me sorprendí bastante en la apuesta que iba hacer, y lo que me hizo automáticamente pensar en cómo estas personas sin tener mucho, poco o nada no les da miedo perder lo que se han conseguido con bastante esfuerzo y más aun siendo el sustento para su familia. Barajaron y repartieron las cartas, fueron tirando una a una, hasta quedar cada uno con una sola carta en sus manos, así es; el que sacara la carta más alta iba a ganar, la verdad no recuerdo que carta sacaron ambos, lo que si me quedó en la memoria fue que el de la moto ganó porque sacó una “J” la cara del amigo que perdía el carro y al mismo tiempo su trabajo fue de total asombro y cambió drásticamente al notar que había perdido lo que con tanto esfuerzo había conseguido tiempo atrás. Esto me lleva a pensar por qué motivo las personas de las comunas de Medellín son quienes se ven con menos ingreso económico, pero quienes al mismo tiempo gastan y “derrochan” la plata de una manera muy llamativa. No sé qué los lleva a realizar este tipo de apuestas o por qué razón cada 8 días se ven borrachos y borrachos en las esquinas de mi barrio, es tal el nivel que puedo asegurar que hay mayor cantidad de tabernas, discotecas, billares; que tiendas, carnicerías, papelerías. Los comerciantes han notado que en este tipo de sectores es donde mayor afluencia de alcoholismo se encuentra de la ciudad, no hay necesidad de tener una zona rosa, para los habitantes del Popular 1 lo único que les importa tener es un nivel alto de música y buena cantidad de trago.